matrimonio

Matrimonio. Capitulaciones matrimoniales. Alcance y contenido.

Javier Soto. Licenciado en Derecho. Oficial de Notaría.

Introducción.

El hombre es un ente social por naturaleza que no logra su pleno desarrollo si no es a través de su integración social concediéndose recíprocamente derechos y exigiéndose mutuamente obligaciones a través de comportamientos básicos para el desarrollo de la convivencia. A estos comportamientos se les denomina Instituciones. Como los define el profesor Díez Picazo y Gullón, son comportamientos que el Derecho regula, y que son básicos para que la convivencia se desenvuelva de acuerdo con unos determinados moldes de vida.

Entre estas Instituciones figura con innegable importancia el matrimonio. Es cierto, que últimamente, por motivos que se me escapan, está viviendo una etapa de crisis. Y ello a pesar de que en supuestos de crisis resulta mucho más complicado su solución cuando no existe matrimonio que cuando si lo hay. Llegamos incluso a buscar la cuadratura del círculo intentando crear una Institución que tenga los mismos efectos que el matrimonio, pero sin llamarlo matrimonio, sin caer en la cuenta de que sustituir una pieza fundamental que funciona con repuestos que no están específicamente creados para ello sólo funcionó en el Apolo XIII y de aquella manera.

Hablamos del matrimonio como Institución sin entrar en ritos y celebraciones que son accesorias y que entran dentro de la esfera personal de cada uno.

El matrimonio crea un vínculo entre sus integrantes reconocido socialmente cuyo fundamento es la igualdad entre los intervinientes y la creación de un marco de protección mutua y recíproca entre sus integrantes y sus descendientes.

Como institución está regulado jurídicamente, lo que no obsta para que sean sus propios miembros los que, en base a su autonomía de la voluntad, establezcan las normas por las que se ha de regir su funcionamiento, su disolución y liquidación, con los únicos límites que marca la Ley y que más adelante veremos.

Por todo esto, resulta cuanto menos curioso, que la mayoría  pase meses preparando los aspectos más mínimos de la celebración del matrimonio, y sin embargo no gaste una tarde en consultar con un profesional que les asesore  sobre las consecuencias jurídicas de contraer matrimonio y sobre cuáles serían los pactos más adecuados para sus circunstancias concretas. Situación que todavía se ve más clara en supuestos de segundos matrimonios en los que incluso pueden coexistir menores de diferentes progenitores.

Los pactos matrimoniales se denominan capitulaciones.

LAS CAPITULACIONES MATRIMONIALES.

En capitulaciones matrimoniales podrán los otorgantes estipular, modificar o sustituir el régimen económico de su matrimonio o cualesquiera otras disposiciones por razón del mismo.

Como dice el Código Civil el pacto de capitulaciones matrimoniales no se circunscribe únicamente a pactar el régimen económico matrimonial, que a continuación veremos, sino que puede ser utilizado para alcanzar acuerdos que vinculen a los contrayentes con los únicos límites de no ser contrarios a las leyes, las buenas costumbres o limitativos de la igualdad de los derechos de los cónyuges.

Dada su importancia el pacto de capitulaciones matrimoniales habrá de formalizarse en escritura pública e inscribirse en el Registro Civil y en el de la Propiedad si afecta a bienes inmuebles.

 Es preceptiva, por tanto, la intervención del Notario en la formalización del pacto de capitulaciones matrimoniales. En consecuencia, va a intervenir un profesional con una gran capacitación que no sólo se va a asegurar de la identidad, capacidad y consentimiento de las partes, sino que además va a velar por la integridad y conservación de los pactos que hemos alcanzado, y, lo más importante, nos va a prestar su asesoramiento para que con esos pactos, alcancemos los objetivos buscados.

El pacto de capitulaciones matrimoniales puede pactarse con carácter previo a la celebración del matrimonio, con la única limitación de que se verifique su celebración en el año siguiente al otorgamiento de capitulaciones.

No obstante, nada impide que después de la celebración del matrimonio se pacten nuevas capitulaciones matrimoniales o se modifiquen las ya pactadas.

LOS REGÍMENES ECONÓMICOS MATRIMONIALES.

Por régimen económico matrimonial podemos entender el conjunto de normas que regulan las relaciones económico-patrimoniales entre los cónyuges y entre estos y terceros.

A este respecto, el ordenamiento jurídico prevé la existencia de varios regímenes económicos, cada uno con sus diferentes particularidades, por los que podrán optar los contrayentes, sin perjuicio, incluso, de poder combinar varios de ellos.

De entre estos regímenes se establece uno como supletorio que rige en defecto de pacto. Este régimen para el derecho común español es el de gananciales, siendo el de separación de bienes en Cataluña, Valencia y Baleares. En Vizcaya se establece como supletorio el de comunidad universal, por el que hacen comunes los bienes que los contrayentes tuvieran antes y durante el matrimonio, incluidos los obtenidos a título gratuito. Y en Aragón el que se establece a falta de pacto es el Consorcio Conyugal Aragonés regulado en la Ley 2/2003 de 12 de febrero, que introduce una serie de peculiaridades respecto del régimen de gananciales.

La regulación del régimen económico matrimonial se establece en el Título III del Código Civil donde se distingue entre los regímenes de:

  • Gananciales.
  • Separación de bienes.
  • Participación.

GANANCIALES.

En virtud de este régimen se hacen comunes las ganancias obtenidos indistintamente por cualquiera de sus miembros que se atribuirán por mitad al disolverse la sociedad de gananciales.

Coexistirán bienes privativos o propios de uno de sus integrantes, con gananciales de titularidad de la sociedad de gananciales.

Son bienes privativos:

1.º Los bienes y derechos que le pertenecieran al comenzar la sociedad.

2.º Los que adquiera después por título gratuito.

3.º Los adquiridos a costa o en sustitución de bienes privativos.

4.º Los adquiridos por derecho de retracto perteneciente a uno solo de los cónyuges.

5.º Los bienes y derechos patrimoniales inherentes a la persona y los no transmisibles inter vivos.

6.º El resarcimiento por daños inferidos a la persona de uno de los cónyuges o a sus bienes privativos.

7.º Las ropas y objetos de uso personal que no sean de extraordinario valor.

8.º Los instrumentos necesarios para el ejercicio de la profesión u oficio, salvo cuando éstos sean parte integrante o pertenencias de un establecimiento o explotación de carácter común.

Son bienes gananciales:

1.º Los obtenidos por el trabajo o la industria de cualquiera de los cónyuges.

2.º Los frutos, rentas o intereses que produzcan tanto los bienes privativos como los gananciales.

3.º Los adquiridos a título oneroso a costa del caudal común, bien se haga la adquisición para la comunidad, bien para uno solo de los esposos.

4.º Los adquiridos por derecho de retracto de carácter ganancial, aun cuando lo fueran con fondos privativos, en cuyo caso la sociedad será deudora del cónyuge por el valor satisfecho.

5.º Las Empresas y establecimientos fundados durante la vigencia de la sociedad por uno cualquiera de los cónyuges a expensas de los bienes comunes.

La administración  de la sociedad de gananciales corresponde conjuntamente a ambos cónyuges, sin perjuicio de pacto, que en todo caso no puede suponer limitación de la igualdad de los derechos de los cónyuges.

SEPARACIÓN DE BIENES.

En el régimen de separación de bienes pertenecerán a cada cónyuge los bienes que tuviese en el momento inicial del mismo y los que después adquiera por cualquier título.

Corresponderá a cada cónyuge la administración, goce y libre disposición de sus bienes.

Cada cónyuge debe contribuir al sostenimiento de las cargas del matrimonio. Podrá pactarse la proporción que cada uno debe asumir y a falta de pacto se contribuirá de forma proporcional a sus recursos económicos.

PARTICIPACIÓN.

Quizá el más desconocido de los regímenes económicos matrimoniales.

En virtud de este régimen cada uno de los cónyuges adquiere el derecho a participar en las ganancias obtenidas por su consorte en el tiempo en que estuviera vigente este régimen.

A tales efectos se distingue entre patrimonio inicial y patrimonio final de cada cónyuge. Teniendo los cónyuges un derecho sobre una parte de la diferencia entre el segundo y el primero.

Integra el patrimonio inicial de cada cónyuge los bienes o derechos que le pertenecieran al inicio de éste y los obtenidos después obtenidos por donación, herencia o legado.

Integra el patrimonio final de cada cónyuge los bienes y derechos de que sea titular en el momento de la terminación del régimen, con deducción de las obligaciones todavía no satisfechas.

Cuando la diferencia entre el patrimonio final e inicial de cada cónyuge sea positiva el que haya experimentado menor incremento tendrá derecho a percibir la mitad de dicho incremento. No obstante, se podrá pactar otra participación que no se corresponda con la mitad, salvo que existan descendientes no comunes en cuyo caso será siempre por mitad.

Estos son someramente los regímenes económicos matrimoniales establecidos en derecho común.

Recordemos que prima la autonomía de voluntad de los cónyuges por lo que es posible pactar cualquiera de ellos e incluso una combinación de los mismos. Asimismo, nada impide que se modifique el régimen económico matrimonial, para optar por uno nuevo, por una modificación de los existentes o para volver a uno previamente pactado, cuantas veces se acuerde.

OTROS PACTOS.

Hasta aquí los diferentes regímenes económicos matrimoniales, pero siendo esto importante es de destacar que a través de capitulaciones matrimoniales se puede pactar cualesquiera otras disposiciones por razón del matrimonio.

Así lo consagra la sentencia del Tribunal Supremo 2828/2015 de fecha 24 de junio de 2015. (Leer aquí)

En virtud de capitulaciones matrimoniales podemos pactar un traje a medida de nuestro matrimonio estableciendo todo aquello que estimemos pertinente en relación con el mismo. De este modo es perfectamente posible pactar una renta vitalicia, como en el supuesto de la sentencia, una cantidad fija por día de matrimonio, pactos relativos al domicilio familiar, compensaciones por abandonar el domicilio o cualquier otro pacto que estimemos conveniente con el único límite de no ser contrarios a las leyes, las buenas costumbres o limitativos de la igualdad de los derechos de los cónyuges. Todo ello sin perjuicio de la tutela de los intereses de los menores sí los hubiere.

En conclusión está en nuestra mano regular nuestro matrimonio conforme nuestras propias necesidades e incluso modificar dicha regulación si las circunstancias cambiasen. Por todo ello es muy recomendable pedir asesoramiento a la hora de contraer matrimonio para diseñar el marco jurídico que mejor convenga a nuestro matrimonio.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies