SLFS

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SOCIEDAD LIMITADA DE FORMACIÓN SUCESIVA

Javier Soto. Licenciado en Derecho. Oficial de Notaria.

Entre las modificaciones introducidas por la Ley 14/2013 de apoyo a los emprendedores y su internacionalización (BOE 233 de 28/10/2013), al Real Decreto Legislativo 1/2010, de 2 de julio, por el que se aprueba el texto refundido de la Ley de Sociedades de Capital (BOE 161 de 3/07/2010), se encuentra la de posibilitar la constitución sociedades limitadas con una cifra de capital inferior al mínimo legal de 3.000 €. Estamos hablando de la SOCIEDAD LIMITADA DE FORMACIÓN SUCESIVA o SLFS.

La pretensión del legislador es fomentar y facilitar la creación de sociedades de responsabilidad limitada que por su sencillez y características se considera como la más adecuada a las pequeñas y medianas empresas, pilar básico de la economía del país.

No obstante, la Ley de Emprendedores ha sido objeto de muchas críticas (recomiendo la lectura de éste artículo de Don Jesús Alfaro Aguila-Real http://www.elnotario.es/index.php/hemeroteca/revista-51/3515-de-leyes-perversas-y-legisladores-bondadosos), así como las SLFS en particular (como esta entrada, también de lectura muy recomendable en el blog de Don Luis Cazorla González-Serrano http://luiscazorla.com/2013/11/el-desastre-de-la-sociedad-de-responsabilidad-limitada-de-formacion-sucesiva/).

El caso es que, no habiendo sido modificados ni derogados los artículos 4 y 4 bis de la Ley de Sociedades de Capital, todavía es posible la constitución de SOCIEDADES LIMITADAS DE FORMACIÓN SUCESIVA o SLFS, lo que me permite dedicarles esta entrada.

La Dirección General de Industria y de la Pequeña y Mediana Empresa define a la SOCIEDAD LIMITADA DE FORMACIÓN SUCESIVA o SLFS como una Sociedad de carácter mercantil, sin capital mínimo, de régimen idéntico al de las Sociedades de Responsabilidad Limitada, excepto ciertas obligaciones tendentes a garantizar una adecuada protección de tercero.

Concretamente esas obligaciones están recogidas en el apartado 1 del art. 4 bis del TEXTO REFUNDIDO DE LA LEY DE SOCIEDADES DE CAPITAL y son:

a) Deberá destinarse a la reserva legal una cifra al menos igual al 20 por ciento del beneficio del ejercicio sin límite de cuantía.

b) Una vez cubiertas las atenciones legales o estatutarias, sólo podrán repartirse dividendos a los socios si el valor del patrimonio neto no es o, a consecuencia del reparto, no resultare inferior al 60 por ciento del capital legal mínimo.

c) La suma anual de las retribuciones satisfechas a los socios y administradores por el desempeño de tales cargos durante esos ejercicios no podrá exceder del 20 por ciento del patrimonio neto del correspondiente ejercicio, sin perjuicio de la retribución que les pueda corresponder como trabajador por cuenta ajena de la sociedad o a través de la prestación de servicios profesionales que la propia sociedad concierte con dichos socios y administradores.

Asimismo, el apartado 2 del citado artículo establece:

En caso de liquidación, voluntaria o forzosa, si el patrimonio de la sociedad fuera insuficiente para atender al pago de sus obligaciones, los socios y los administradores de la sociedad responderán solidariamente del desembolso de la cifra de capital mínimo establecida en la Ley.

Nos encontramos, por tanto, ante una norma que afecta a un elemento no sólo esencial sino definidor de la sociedad de responsabilidad limitada, como es el capital social.

La sociedad de responsabilidad limitada es una sociedad de capital,  se constituye “intuitu pecuniae”, en atención a lo que cada socio aporta, independientemente de su personalidad y/o patrimonio que es la esencia de las sociedades personalistas, “intuitu personae”.

Simplificando, lo importante de las sociedades de capital es lo que aporta cada socio, mientras que en las personalistas es quien es el socio.

El capital social establece la participación de cada socio en la sociedad, determina la responsabilidad del socio en el sentido en que éste no es responsable personalmente más allá del valor de su aportación al capital social, y juega como garantía frente a terceros, dado que es exigible que las aportaciones de los socios al capital social sean efectivas.

Es precisamente éste último aspecto el que justifica la exigencia de un capital social mínimo para la constitución de sociedades. Y es precisamente para salvaguardar esta garantía por lo que los socios de las SLFS pierden la responsabilidad limitada a su aportación para responder personalmente hasta cubrir el capital social mínimo. Se quiebra, de este modo, el principio de no responsabilidad personal en las sociedades de capital; si bien limitando dicha responsabilidad a la cifra de capital mínimo establecida por la Ley.

A esta importante diferencia con el resto de sociedades de responsabilidad limitada hay que añadir que las obligaciones legalmente establecidas  determinan: por un lado una mayor dotación de reservas y una limitación en el reparto de dividendos lo que dificulta otro de los aspectos esenciales de todas las sociedades mercantiles como es el ánimo de lucro; y por otro, limitan la retribución a los administradores.

Es evidente su gran trascendencia en la vida de la sociedad lo que en la práctica se traduce en una desventaja respecto de las sociedades de responsabilidad limitada constituidas con un capital social desembolsado superior al mínimo establecido.

Este régimen continúa vigente hasta en tanto la SLFS no aumente su capital hasta alcanzar el capital mínimo legalmente establecido. En consecuencia, aunque no se estipule un plazo máximo para formalizar dicho aumento de capital si se establecen las limitaciones suficientes para que tenga la consideración de transitorio hasta que se formalice el aumento de su capital por encima del mínimo establecido.

La constitución de una SLFS no es diferente a la de una sociedad de responsabilidad limitada, salvo en lo que respecta al capital social.

Así habrá de constituirse en escritura pública con el contenido mínimo que establece el artículo 22 de la Ley de Sociedades de Capital, que deberá llevar incorporada la certificación negativa de denominación del Registro Mercantil Central y los Estatutos, con el contenido mínimo del artículo 24 de la Ley de Sociedades de Capital.

Respecto del capital social, aunque no es necesario acreditar la realidad de las aportaciones dinerarias, si que se deberá determinar: el capital social, las participaciones en que se divida, su valor nominal y su numeración correlativa y, si fueran desiguales, los derechos que cada una atribuya a los socios y la cuantía o la extensión de éstos.

Además, en tanto la cifra de capital sea inferior al mínimo, los estatutos contendrán una expresa declaración de sujeción de la sociedad a dicho régimen. Los Registradores Mercantiles harán constar, de oficio, esta circunstancia en las notas de despacho de cualquier documento inscribible relativo a la sociedad, así como en las certificaciones que expidan. Cumpliéndose de este modo la protección de terceros con la debida publicidad registral.

No estaría de más incluir en la escritura de constitución las reglas por las que han de regirse las SLFS en tanto el capital no supere el mínimo establecido.

El aumento de capital hasta alcanzar el capital mínimo ha de cumplir los mismos requisitos que para cualquier aumento y podrá realizarse por cualquiera de las modalidades legalmente establecidas.

Así podrá realizarse por creación de nuevas participaciones o elevación del valor nominal de las ya existentes; y podrá realizarse con cargo a nuevas aportaciones dinerarias o no dinerarias al patrimonio social, incluida la aportación de créditos contra la sociedad, o con cargo a beneficios o reservas que ya figurasen en el último balance aprobado.

En todo caso deberá formalizarse en escritura pública que incluirá la necesaria modificación estatutaria con el tenor literal correcto de los artículos relativos al capital social.

Es importante destacar que se deberá acreditar la realidad de las aportaciones dinerarias de los socios al aumento, y que, en el caso de que el aumento se realice con cargo a reservas, el balance que sirve de base debe estar verificado por el auditor de cuentas de la sociedad, o por un auditor nombrado por el Registro Mercantil a solicitud de los administradores, si la sociedad no estuviera obligada a verificación contable.

En conclusión, las limitaciones que conlleva el régimen de las SLFS, junto con la necesidad de formalizar una nueva escritura pública de aumento de capital para eliminarlas hacen, a mi juicio, desaconsejable acudir a este sistema a la hora de constituir una sociedad de responsabilidad limitada. Más aún si tenemos en cuenta que la cifra de capital social mínimo para la constitución de una SL (3.000 €) no es elevada y que se puede desembolsar tanto con aportaciones dinerarias como con aportaciones no dinerarias, siendo objeto de aportación cualquier bien o derecho susceptible de valoración económica.

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