Javier Soto.

La actual situación del EURIBOR en tipos negativos ha motivado la generalización de la inclusión en los préstamos hipotecarios de cláusulas de prohibición de intereses negativos o “tipo 0”. Resulta paradójico que en un entorno tan hostil hacia las cláusulas suelo, este tipo de cláusulas sean generalmente aceptadas sin mayor discusión o al menos análisis.

Antes de empezar un par de cuestiones “preblogtuales”. Por un lado, mi formación financiera es, como la mayoría de los españoles, bastante limitada; así que perdón, por el atrevimiento de comentar determinados aspectos económicos y perdón por la falta de academicismo en mis expresiones.

Por otro, una advertencia, no busquen en este post un ataque a las cláusulas suelo o una defensa a ultranza de su nulidad. La cláusula que limita el interés variable de un préstamo hasta un determinado tipo es válida y legitima siempre que sea libremente pactada y entendida por ambas partes.

Resulta bastante sencillo entender lo que es una cláusula suelo. Aquella estipulación que se incluye en un contrato de préstamo a interés variable al objeto de establecer un interés mínimo independiente de las oscilaciones del tipo de referencia. Esto es, si se pacta un interés variable resultante de adicionar un diferencial de cero coma cincuenta puntos al Euribor con un mínimo del uno por ciento, significa que el tipo de interés a aplicar será del uno por ciento aunque el Euribor fuera inferior al cero coma cincuenta por ciento.

Como una especialidades de este tipo de cláusulas aparece la cláusula de prohibición de intereses negativos o “tipo 0” que establece por medio de pacto contractual que si el resultado de añadir el diferencial al tipo de referencia resultase un tipo de interés negativo, el acreedor no abonará el ningún caso intereses al deudor sino que únicamente se producirán amortizaciones de capital. Esto es, si se pacta un interés variable resultante de adicionar un diferencial de cero coma cincuenta puntos al Euribor con un mínimo del cero por ciento, significa que el préstamo no devengará intereses, aunque el Euribor fuera inferior al cero coma cincuenta y uno por ciento.

Como se puede ver la diferencia entre una cláusula y otra esta únicamente en el límite establecido.

¿Por qué unas son tan denostadas y las otras tan aceptadas e incluso defendidas alegando su condición necesaria para salvaguardar el sistema financiero o para no desvirtuar la esencia del contrato de préstamo?

En mi opinión todo viene por realizar un análisis superficial de la cláusula.

Solemos definir al interés como: el coste que supone al deudor el pedir dinero a préstamo. Dado que el interés es un elemento sustancial y necesario del contrato de préstamo, un préstamo sin interés o del que se derivara un beneficio para el deudor en vez de un coste, no sería un contrato de préstamo, sino otro tipo de contrato. El problema está en el punto de partida. La definición correcta de interés  no es la anterior, sino realmente, la siguiente: interés es el beneficio obtenido por el acreedor por prestar dinero.

Un préstamo a tipo variable resultante de añadir un diferencial a un tipo de referencia es siempre positivo. El diferencial siempre se suma al tipo de referencia. Lo que ocasiona un beneficio o margen respecto del tipo de referencia. El posible tipo de interés negativo resulta del tipo de referencia adoptado no del contrato.

¿Qué el tipo de referencia esté en valores negativos significa la debacle del sistema financiero? No necesariamente, antes al contrario puede significar su salvación.

Estamos hablando del comercio de una mercancía tan especial como es el dinero. Desde hace tiempo inmemorial el dinero no vale el valor nominal de la moneda que lo soporta. Incluso han pasado muchos años desde que se abandonó el patrón oro en el que el emisor de la divisa garantizaba que podía dar al poseedor de sus billetes la cantidad de oro consignada en ellos. El valor del dinero depende de muchos factores y es fluctuable. Los 10 € de hoy no valen lo mismo que los de ayer, ni valdrán lo mismo mañana. Todo comerciante, ya sea de dinero o de papas, sabe que tiene que “gastar” es su mercancía para que ésta valga más. En este sentido pagar intereses por prestar un principal puede significar que el principal final tras restarle los intereses pagados valga más que el principal inicial.  Pero, ¿eso no sería como si te pagasen por comprar un determinado producto? No es una práctica tan rara. Piensen en las rebajas o en las promociones en las que por comprar determinado producto te regalan otro. E igualmente, hay ganancia a la inversa. Si mi principal se va a devaluar en un 20 % y gastando un 5 % consigo que sólo se deprecie en un 10 %, no he perdido un 15%, sino que he ganado un 5%.

Hay que tener en cuenta, además, que uno de los pocos principios generalmente aceptados y no controvertidos de la economía es el que expresa que un capital que no se mueve es un capital que se deprecia, que pierde valor.

Y también, que prestar dinero es presupuesto de existencia del banco. Un banco que no presta dinero, aunque obtenga ingresos por la administración, gestión y/o custodia del dinero (ingresos, por supuesto ,legítimos) sencillamente no es un banco. En resumen, prestando dinero el banco no sólo obtiene beneficios sino que lo necesita para existir.

Analicemos ahora como funcionan la mayoría de los préstamos hipotecarios en España. Esto es, los préstamos a interés variable referenciados al Euribor.

El Euribor es  el tipo de interés al que las principales entidades financieras se prestan dinero entre sí en el mercado interbancario en un determinado período de tiempo.  Los bancos no emiten dinero, por lo que para poder prestarlo o lo tienen, fondos propios, o tienen que pedírselo a otro banco que cuente con esos fondos propios. A ese dinero que piden prestado se les aplica un tipo de interés que determinará que tengan que pagar si ese tipo de interés es positivo o cobrar si ese tipo de interés es negativo. En ambos casos al adicionar a ese tipo de interés el diferencial se produce una ganancia para el banco. Bien porque cobran al particular más de lo que tienen que pagar (Euribor + diferencial) en supuestos de tipos positivos; o bien, porque pagan menos de lo que tienen que cobrar (Euribor – diferencial) en supuestos de tipos negativos.

Y ¿dónde está la ganancia si se tienen fondos propios? Sencillamente en que tienes que pagar menos (Euribor – diferencial) si se lo prestas a un particular que si se lo prestas a otro banco (Euribor). Menor pérdida es igual a ganancia.

En resumen, en la cláusulas tipo 0 se establece un mínimo 0% y se produce una ganancia para el acreedor. No hay, por tanto, diferencia con el resto de cláusulas suelo.

Significa esto que las clausulas tipo 0 son nulas o abusivas. No, por supuesto. Como no lo son el resto de cláusulas suelo per se. La nulidad de la cláusula viene determinada porque una de las partes por desconocimiento, ignorancia o engaño no tenía conocimiento del alcance de dicha cláusula y en consecuencia no presto su consentimiento a la misma. Prestar dinero es una operación compleja que lleva aparejado unos costes que van más allá de los financieros. Asegurar esos costes estableciendo un tipo mínimo de interés es legítimo, y se trata de una práctica amparada en principios que afortunadamente inspiran nuestro sistema, como los de libertad de contratación y autonomía de la voluntad. Existe un amplio número de bancos, unos con cláusulas suelo en sus minutas y otros que no la tienen. Además cada banco tiene diferentes productos sobre los que el cliente puede elegir, y dentro de un mismo producto, el diferencial es diferente en función del cliente. En consecuencia si puedo elegir el banco, el producto y las condiciones, no hay abusividad; siempre y cuando el juego de la contratación sea leal y ambas partes conozcan la totalidad de las consecuencias del contrato, sin omisiones ni engaños.

En los más de veinte años de profesión que llevo siempre me han chocado dos aspectos en relación con los préstamos hipotecarios. El primero es cómo se comporta el ciudadano cuando se entra en la fase de formalización. Por regla general, el ciudadano se muestra contento de que el banco le haya “concedido” el préstamo. Es como si recibiera una gracia de un ser superior. ¿Te alegras tanto cuando el carnicero te vende una chuleta? El banco está tan interesado, o más, que tú en el préstamo. No sólo es su negocio, de lo que viven, sino que además es su presupuesto de existencia como dije antes. No te están haciendo un favor. Estas firmado un contrato bilateral.

Y segundo, y lo más importante. No entiendo como, siendo con probabilidad la operación financiera más importante que firmen en toda su vida, no se asesoran más antes del otorgamiento.

Pocos son los ciudadanos que acuden a varios bancos antes de decidirse por un determinado producto. Menos los que solicitan un borrador de su escritura antes de la firma para poder estudiarlo y muchos menos los que acuden a la Notaría para que les aclaran las dudas que les pueden surgir, que conociendo la formación base jurídico financiera del españolito medio, seguro que son muchas.

Si se me permite el consejo antes de firmar una operación tan importante, es imprescindible informarse de las diferentes alternativas con sus diferentes condiciones, y asesorarse. Por eso, es muy recomendable acudir a un profesional que, como el mortgage advisor británico, te ayude a encontrar tu mejor opción. Supondrá un mayor gasto inicial pero se verá largamente compensado a lo largo de toda la vida del préstamo.

Y sobre todo, acudir al Notario antes de firmar debería ser obligatorio para conocer todo el alcance jurídico de lo que van a firmar. Es inexcusable, siendo, además, como es gratuito. El Notario es un profesional experto del derecho que les informará gustosa y gratuitamente de los aspectos jurídicos del contrato y de sus obligaciones.

 

 

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